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miércoles, 16 de julio de 2025

Ruth Stone. Goshen

Quince años he vivido en una casa
sin agua corriente ni caldera.
Entro y salgo por la puerta
con mis cubos y mis brazadas de leña.
Esta es la montaña.
Esta es la fortaleza helada.
Esta es la gata sin dueño que merodea en el granero.
Este es el granero de ventanas sin cristales
que flota como una delgada cometa de balso 
en los vientos del noroeste.
Estos son los pájaros de invierno
que esperan en los arbustos.
Esta es mi vara de medir.
Por esto me levanto cada mañana.
Por esto sé a dónde voy.



De "Lo que termina siendo el amor"
En "Bayas púrpuras"


martes, 8 de abril de 2025

Ruth Stone. Cómo atrapar a tía Harriette

Mary Cassatt la pintó con un vestido a rayas
y un crío en el regazo cuyo pie reposa en una jofaina.
Charlotte Mew habla por su voz de eso que nos embarga 
por las noches cuando los grajos graznan en sus nidos. 
A veces, entre las líneas de Trollope,
tía Harriette lanza un inefable gesto. 
En Indianápolis cogíamos juntas el jadeante autobús urbano
al instituto. Era mi primer año; para ella el último. Cada día
el humo de los coches y las calles insoportables nos daban
náuseas. Tía Harriette era el último dilema de mis
abuelos victorianos. Una tarde tras el colegio
me invitó a acompañarla a Verner's.
Qué era Verner's? Yo no lo pregunté y ella no lo dijo. 
Anduvimos tres millas por la prolija Meridian Street.
Me salieron suaves ampollas en los talones. Entramos a un salón
vacío de resonante madera, nos sentamos
a pie de calle en una sencilla mesa rústica y tía Harriette 
pidió dos vasos de ginger ale con hielo. 
La luz que caía sobre tía Harriette 
parecía el barniz de un cuadro holandés 
del siglo XVIII. Mi lengua de papilas aún intactas
se deslizó por el ardor ambarino. Fue mi primer indicio 
del connoiseur, iniciación rara vez repetida;
pero tan extraña, tan enigmática, 
que planeé toda mi vida con sus indicaciones. 



De "El abrigo de segunda mano: poemas nuevos y seleccionados"
En "Bayas púrpuras"


jueves, 20 de marzo de 2025

Ruth Stone. Especulación

En este frescor nada me importan
los sonidos amortiguados que llegan de arriba,
oigo en mi hueso nacarado el desgaste
del mármol bajo la lluvia; nada está realmente muerto,
solo existe el desgaste,
el cambio de medios. Ni tengo tampoco ojos
para contar cómo en verano la torcaza
se mece en los brazos de la cicuta, ni oídos para herir
a la mente triste y arrepentida 
con la llamada de la alondra cornuda. 
Yazgo tan quieta que la tierra que me rodea se estremece con el peso del día;
no me importa si el jarrón 
contiene flores podridas, ni si envían 
a uno de los suyos a ordenar. De esos juegos 
no tengo recuerdo,
ni de las flores del coralillo, ni de la corteza 
del pino rugoso donde los cuervos 
con su tremenda risa y aleteo 
trazan círculos en consanguíneo frenesí cuando sopla el viento.
Yo no comparto sangre con ninguno de ellos,
ni estoy casada con la seda que amarillea y se quiebra;
mis huesos sensibles, que aborrecían, 
como todos los vivos, a los muertos, 
aguardan un patrón indefinido. El ingenio 
de incontables siglos se seca en mi calavera y allá arriba
no presto atención a la lluvia que marca el final del invierno,
ni me importa lo que hayan sembrado. En mi centro
el hueso reluce; de asombrosos huesos estoy hecha;
y sola brillo en un resplandor de fósforo,
así, en este pequeño solar donde fui colocada.



De "En un tiempo iridiscente"
En "Bayas púrpuras"


jueves, 20 de febrero de 2025

Ruth Stone. Antes del mildiu

Los olmos estiraban sus ramas con alegría indolente,
arqueándose sobre la calle sumida en una penumbra verde
bajo sus amplias copas.
Y los rosales del jardín de la señora Mix se enroscaban en su celosía 
junto a rosas de Limoges repolludas como desnudos de Rubens. 
Mis labios susurraban los nombres de las cosas 
en las praderas, en el huerto, en el bosque,
donde a veces permanecía largo rato
escuchando a algún pájaro que me hablaba de la extrañeza de mí misma;
mecida en los brazos nervudos del verano.



De "En la próxima galaxia"
En "Bayas púrpuras"