Mostrando entradas con la etiqueta Mahmud Darwish. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mahmud Darwish. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de octubre de 2025

Mahmud Darwish. Si volviera a empezar

Si volviera a empezar, elegiría lo que elegí: las rosas de la cerca.
Viajaría de nuevo por caminos que igual llevan que no llevan a Córdoba.
Colgaría mi sombra de dos rocas para que las aves errabundas hicieran un nido en sus ramas.
Rompería mi sombra en pos del olor a almendras de las nubes polvorientas.
Y sufriría en las cuestas: Venid, escuchadme. Comed de mi pan,
bebed de mi vino, no me dejéis solo en la calle de la vida como un sauce cansado.
Yo amaría países que no conocen cantos de despedida, que no han vertido sangre por una mujer,
amaría a mujeres apasionadas, silenciosas, que conducen a los caballos al suicidio en el umbral.
Volvería, si tuviera que volver, a mi misma rosa y mis mismos pasos,
pero no volvería a Córdoba. 



De "Entre Rita y mis ojos, un fusil"



martes, 29 de julio de 2025

Mahmud Darwish. Rita y el fusil

Entre Rita y mis ojos... un fusil.
Quien a Rita conoce, se postra
y reza
al Dios de sus ojos de miel.
   
... Besé a Rita
cuando niña,
aún recuerdo cómo... se pegó
a mí: una trenza preciosa cubrió mí brazo.
Recuerdo a Rita
como el pájaro a la charca.
Rita, Rita...
Teníamos un millón de pájaros y de fotos,
y mil citas,
y contra todo abrió fuego... un fusil.
   
El nombre de Rita le sabía a fiesta a mi boca,
el cuerpo de Rita se desposaba en mi sangre.
En Rita me perdí... dos años,
durmió en mi regazo dos años,
nos prometimos ante el cáliz más bello,
ardimos en el vino de dos labios,
nacimos dos veces.
Rita, Rita...
Nada privaba a mis ojos
de los tuyos, si acaso nuestras cabezadas
o alguna nube de miel,
hasta que irrumpió... aquel fusil.
   
Érase que se era,
oh silencio del atardecer,
una mañana en que mi luna partió 
con los ojos de miel.
La ciudad
barrió a los rapsodas, y a Rita.
Entre Rita y mis ojos... un fusil.



De "Entre Rita y mis ojos, un fusil"


sábado, 12 de julio de 2025

Mahmud Darwish. A mi madre

Añoro el pan de mi madre,
el café de mi madre,
las caricias de mi madre...
Día tras día
en mí crece la infancia
y amo mi vida, pues
de morir
me avergonzarían las lágrimas 
de mi madre.
   
Haz de mí, si vuelvo un día,
chal para tus pestañas,
cubre mis huesos con hierba
bautizada por tus puros talones,
átame 
con un mechón de tus cabellos...
con una hebra del bordado de tu vestido...
Puede que me convierta en un dios,
que en un dios me convierta
si toco el fondo de tu corazón.
   
Ponme, si es que regreso, 
como leña en la lumbre de tu fuego,
como cuerda de tender en la azotea de casa,
porque no puedo levantarme 
sin tu oración de cada día. 
He envejecido, devuélveme las estrellas de la infancia 
para que comparta 
con los pájaros más pequeños
la senda de regreso
al nido en que aguardas.



De "Entre Rita y mis ojos, un fusil"