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miércoles, 31 de diciembre de 2025

Ada Limón. Deriva

El borrón de un pájaro hace
del aire marino una sonrisa como de niño
y nosotros, de corazón robusto, le replicamos 
con un partirnos de risa como 
lo opuesto a tirar piedras.
Como liberar pequeños globos
de aire caliente hacia la luna
y resueltos a desafiar
la común gravedad de este giro.
Eh, Cielo, lanzamos un hueso
a tu abierta infinitud,
el sonido del crujir, un timbre
de calor animal. Oh, déjanos ser
un pájaro que vuela enteramente por
volar, para ser esa máquina de
aliento que hasta los anclados 
y terrestres agitadores quieran
apoyar, quieran mirar hacia arriba
y decir: Ánimo, ánimo, a ganar.



De "Cosas muertas y brillantes"


miércoles, 17 de diciembre de 2025

Ada Limón. Pájaro estatal

Lo confieso: yo no quería vivir aquí,
no entre varas de oro, cebollas silvestres,
o las gramíneas, no hasta la cintura en el agua
de maíz moreno envejecida en barril, no con los caballos
de carreras que cuestan un millón de dólares por cabeza, ni las apretadas 
balas de paja. Ni siquiera en la vieja estación 
de pesaje de tabaco en que vivimos, con sus fuertes puertas
de metal pesado que enmarcan nuestra habitación de ladrillo
como la boca de una extraña bestia bostezando
para sorbernos, cada noche, como aire. Yo la negué, 
esta nueva tierra. Pero, amor, lo admito:
cualquier estado en el que estés, yo seré el pájaro de ese estado,
la ruidosa y obvia confusión de canto al que señala la gente
cuando se pregunta adónde es que te has marchado.



De "Cosas muertas y brillantes"


sábado, 30 de agosto de 2025

Ada Limón. La última mudanza

Habían pasado sólo unos meses cuando parecía que hubiera estado yo
lavando platos toda la vida.
  
Suelos de madera bajo los pies, un cordón hacia el cielo.
Qué es ir a un Nosotros desde un Yo?
   
Cada vez que él se iba a hacer un recado, las paredes
me exprimían. Yo lloraba por la inexistente alfombrilla 
  del baño, el suelo húmedo de él, 
estábamos tan al sur, allá lejos en las afueras.
   
(Y todos los bichos nuevos.)
   
Yo me ponía el delantal de broma y bailaba llevando
un calabacín como si fuera un niño.
   
Esto es Kentucky, no Nueva York, y no soy importante.
  
Esto era incluso antes de que tuviéramos perro,
  y antes de que yo me fiara 
del paralizador calmante del amor pegado
a la carne de mi cuello.
   
Allá en casa, en mi apartamento, vivía otra mujer.
En Brooklyn, junto a la charcutería, donde todo
estaba limpio y contenido.
   
(Donde lloré mis muertes.)
  
Le cogí cariño a mis manos y rodillas. Pensaba en la novela
que estaba escribiendo. El gran pecho pesado de animales vivos 
que había estado rezagando durante años; qué es la vida?
   
Limpié tanto la casa (brillo y brillo y brillo).
   
Desconfiaba de los sonidos de mono de los pájaros de Kentucky,
juzgaba crujidos, buzón oxidado, arañas en el magnolio, 
charla sobre tornados, luciérnagas muertas como judías pintas. 
  
En algún lugar había oído que, después de notar la falta
de presión de agua en un viejo hotel de Los Ángeles, 
encontraron el cuerpo de una mujer al fondo
de una cisterna.
   
Figúrate, sólo pensar que el agua estaba baja, solo querer
darse una ducha.
   
Después de eso, cuando el agua se portaba de forma extraña,
chorreaba o borboteaba, me imaginaba un cuerpo, una mujer, una yo
de hace sólo unos años, soltera y libre, felizmente desapercibida,
en la curva más baja de la torre de agua.
  
Sí, y una y otra vez,
apretaba sus miembros hacia abajo con una larga vara
hasta que se quedó quieta.



De "Cosas muertas y brillantes"


martes, 27 de mayo de 2025

Ada Limón. Arroyo ahogado

Más allá de los centros comerciales y las centrales
eléctricas, afuera de los rehoyos, más allá de las sendas
Gun Bottom y Brassfeld y antes del Arroyo Red Lick,
hay un riachuelo llamado Arroyo Ahhogado donde
vi el pájaro más lindo de todo el año,
el martín gigante, con una cresta y un plumaje
de azul egeo, posado, no en los altos de un árbol muerto,
sino en una línea de transmisión, ojeaba el arroyo
al acecho de cangrejos de río, renacuajos y piscardos. Íbamos
velozmente camino a casa y ya nuestras mentes
estaban tensadas como un alambre negro atado
a un poste eléctrico. Yo quería parar, parar el coche
y mirar de cerca a la solitaria, fornida ave
acuática con su corona y su pecho azules
y su rareza. Pero ya éramos una borrosidad
y habíamos dejado millas atrás al ave pescador
para cuando me caí en cuenta de lo que había visto.
La gente no le era nada a ese pájaro, que no le hacía
caso a las batallas sangrientas de la historia o el por qué
le dicen a este riachuelo Arroyo Ahogado, un nombre
que adoro aunque me da escalofríos
que tiene toque de mandato, un lugar donde uno
va a ahogarse. El pájaro no le llama al arroyo
por ese nombre. El pájaro no le llama nada.
Estoy casi segura, aunque no esté segura
de nada. Hay una soledad en este mundo
que no puedo penetrar. Me moriría por ello.



De "De las que duelen"

miércoles, 16 de abril de 2025

Ada Limón. Es la temporada en la que a menudo confundo

Las aves por hojas y las hojas por aves.
Las hojas rubias oscuras de la morera
siempre son jilgueros dando volteretas
por el jardín llenos de gozo intenso.
Las últimas aovadas hojas bermejas
de las manazas silvestres son gorriones
cantores que tiemblan todas a la vez. Y hoy,
cuando ya no podía aguantarme más,
una hueste de gorriones campestres, que
de veras eran gorriones campestres, volaron
hasta las ramas deshojadas del almez 
y casi me desplomé: las hojas
reacomodándose de nuevo al árbol
como un hechizo de revocación. Qué 
más esperaba? De qué sirve 
la exactitud entre la perpetua 
dispersión que desarma al mundo?



De "De las que duelen"