viernes, 6 de noviembre de 2026

Juana Castro. Ulises

Cómo duelen, Ulises, todas las nieblas, trenes
que poblaste en mi ausencia.
Ni Circe, ni Calipso, ni Nausica.
Ni siquiera Penélope.
Tienes tantos cabellos de las gradas,
tantas olas de versos en tu terca locura de amar contra el destierro,
que traes el arcoíris ciñéndote los ojos,
la frazada del mundo, el mar, amar, los vientos.
Y ahora invoco tu vida, tu viaje
de velas traslaticias,
tus palabras sembradas a la orilla del tiempo.
Yo no soy una ninfa
ni traigo mil guirnaldas con un sueño de espuma,
ni estoy aquí cantando
la balada del mar sobre tus pájaros,
ni voy a tejer nunca
ningún velo de horas o regreso.
Yo solo sé que vienes
como una larga guerra,
          tan sucio y tan oasis,
una erosión de algas, calles, sierpes,
tan hermoso de andar, de llorar los caminos de tu Ítaca.
Y yo te reconozco,
tu ser espigaría
en la herida del mundo,
tu ser lluvioso y vivo
que me sigue doliendo desde todas las lunas
como un mar de veneno,
como un mar de aguijones en la nieve,
allí donde tu mar era amar sin mi nombre.



De "Paranoia en otoño"
En "He cantado en la noche. Poesía reunida"


jueves, 5 de noviembre de 2026

Paqui Rodríguez. A últimos de enero

Recuerdo que a últimos de enero
solía asomarme al balcón de tu mirada
y sentía vértigo. 
No había baranda a la que agarrarme
y terminaba por precipitarme
al vacío de tus ojos. 
Me miraba en ellos
y sentía que a enero le faltaban días. 
Enero fugaz, efímero y lluvioso!
Aprendí a deambular por el camino pedregoso
de tu liviandad, 
de tu inconstancia, 
de la ingravidez del desamor
que escondía tu rostro. 
Aprendí a volar con las aves migratorias
que buscan el calor de agosto. 



De "Con ganas de más"


martes, 3 de noviembre de 2026

Trisah Miró. Niña isla

A veces se siente niña isla. 
Un trocito de tierra
sin más patria
que el mar que la rodea. 
  
Pero ella quisiera ser pájaro. 
Y nube. 
Y viento. 
Y la inmensidad de todas las aguas. 



De "El rastro"


sábado, 31 de octubre de 2026

Sonia Scarabelli. El pacto

Yo hice un pacto con vos, Tierrita, 
que queden para otros los viajes estelares
que también soñé. 
Con cada cielo tuyo hice mi pacto, 
mi acuerdo del amor interminable, 
y con cada día que me das, 
cada mañana azul igual a esta
y dorada de plantas y de pájaros. 
Hice mi pacto con vos y así me iré, 
tierrita, polvo 
que vuela en el camino. 



De "Las cosas comunes"


viernes, 30 de octubre de 2026

Ida Vitale. Demasiado tarde

Lo que el verano nos quita, el lugar que el verano nos deja, el don del estornino, su ir y venir ansioso entre su sala de pastos, su selva?, su desaparecer -hacia dónde?- con su verdoso salpicado de oro, si el viento de pronto se levanta, si aquella nube, para nada esperada, gotea. 



De "Antepenúltimos"
En "Poesía reunida"


jueves, 29 de octubre de 2026

Juana Castro. Historia

El dolor no tenía 
grandes hojas donde roer sus alas
y se vino volando hasta mi casa.
Nos quería medir por las espuelas
y se quedó varado como un nudo.
Cuando vino la noche,
nos sorprendió su dardo silencioso,
nos replegó con agua quebradiza 
y nos sopló su alma de langosta.
Convivimos con él a la deriva
en un frondoso bosque de vigilias.
Anduvimos con él 
como un amigo que arrastra su codicia
y cortamos las ramas de la duda.
Por el alba caliente de las rosas,
las cadenas del mar nos despoblaron 
con un viento seco de raíces. 
No tuvimos más fuego que los ojos
para calmar la niebla de la herida
y los pájaros grandes del silencio 
atravesaron venas como nubes.
Hasta que las estrellas conspiraron 
desplegando sus cantos de misiles
y nos vimos doblados en cristales 
con los dientes perplejos de caminos.



De "Del dolor y las alas"
En "He cantado en la noche. Poesía reunida"

miércoles, 28 de octubre de 2026

Lin Huiyin. Profundas sonrisas

Quién sonríe tan dulce, profunda
y satisfactoriamente? Una sarta tras otra de perlas
grandes y pequeñas brillan y brotan cándidamente!
Desde el fondo del puro manantial fluctúan y fluyen hasta la superficie,
resplandecientes,
disemindas!
  
  
Quién sonríe tan amablemente y hace abrirse una flor?
Tan ingrávidamente que no asusta a nadie.
Un ligero perfume, llevado por el viento,
acaricia la corta pared y, sutilemente, frente al sol poniente,
pende
con nostalgia.
  
  
Quién sonríe en esta alta y erguida pagoda
haciendo que vengan a revoletear aves desconocidas?
Quién sonríe como esta infinidad de campanillas giratorias
que desde los aleros esmaltados de cada planta
se aagitan
hacia el cielo?



De "Eres los días de abril en el mundo"


domingo, 25 de octubre de 2026

Lola Sánchez Fernández. 25.

Y SIGUE LLEGANDO la primavera, 
lo nota porque en el patio 
hay una familia de jilgueros, 
y en los parterres, 
los iris amenazan al jardín
con invadir el suelo. 
  
Solo su hogar permanece en silencio, 
un silencio amable, respetuoso, 
como si esperase tu llegada, 
como preparándolo todo. 



De "Poesías en el túnel"


miércoles, 21 de octubre de 2026

Patricia Crespo Alcalá. Duermo al azar de los días...

Duermo al azar de los días
sentenciando mi destino:
el aire disuelve las palabras
despojadas de la vida, 
e invisibles pájaros
anidan en mis manos. 



De "Cantos de la desesperanza"


domingo, 18 de octubre de 2026

Sharon Olds. Cuando nuestra primogénita dormía

Mis pechos duros con leche. Pequeños rezumaderos 
goteando sobre los pañuelos de mi
marido doblados en las curvas frontales
del arnés de lactancia. Yo deambulaba por
el apartamento cuando su siesta duraba algo más
de lo habitual. Cuando estaba despierta, yo era
propósito, un acecho blando y
doméstico de bondad. Sólo cuando ella dormía 
yo era libre para pensar en lo que piensa
el cautivo. Quería ser alguien, no ser únicamente
la madre de alguien, ser alguien, ser una.
Sin embargo sé que el trabajo que hice con ella
era la razón de todo lo que era importante para mí;
ese corazón. Y aun así había una parte de mí 
ajena a ello, como expuesta en una montaña
por la maternidad. Y cuando ella dormía un poco más, 
yo olía la piel de la aceituna
en la ladera, oía el golpe azul 
de la nuez de eucalipto, probaba
el aliento de la loba en busca de
carne para enriquecer su leche, veía
el cedro doblarse bajo un mar
de viento. Mientras ella dormía, parecía que
mis tobillos perforados se iban soltando
y caminaba como un cazador entre el gozo y el horror
de lo que no está atado. Niña de una madre, 
madre de una niña. A veces me paseaba, escuchando, 
temiendo a medias que hubiera dejado de respirar, 
sabiendo que nada podía ser cualquier cosa, para mí,
al lado de los pequeños movimientos
al despertarse; luz y viento sobre la superficie del agua. 
Y tras ello, ese llanto suave, como un pájaro
pelágico que duerme en vuelo. Yo me daba
la vuelta, como girando sobre un talón mortero,
y me acercaba a su puerta. 



De "Una cosa secreta"