lunes, 30 de marzo de 2026

Věra Rosí. Presiembra

Te agachas bajo las heridas
del sol preñado.
Ni una pluma de grajo por ninguna parte
Toda la negrura la tienes dentro...
   
Alguien de nuevo arroja a un lado
sábanas verdes...
   
Te sobrepasarán
los dolores parturientos de los brotes
en la verja reventada
de la taberna La alegría...



En "De sombra y terciopelo. Diecisiete poetas checas (1963-1988)"


sábado, 28 de marzo de 2026

Carmen Megías Vicente. 7. Procesionaria

Se apagan las luces de la carretera
y aún no ha amanecido en Valencia.
Un día comienza en la ciudad que nunca llueve.
Me sumerjo en la marea de gente
transbordo de una vida a otra
subo por la escalera mecánica hacia la luz.
  
Mis pasos
y el tatuaje del cuello de ese chico trajeado
se cruzan en un flashazo. 
  
Prisa permanente
salir de la boca del metro
donde el sueño atrasado me encorva los hombros 
y escucho ponte recta en mi cabeza.
  
Llevo días notando una piedra en la bota
algo me distrae
y a las horas vuelvo a acordarme 
-piedras-
del parque,
solo son eso.
  
Cansada arrastro los pies 
la cabeza
las piedras del parque y mi cabeza a toda velocidad
el pulgar intentando ceder el hilo de la costura
en el agujero para el bolsillo 
donde puedo meter el frío
la vergüenza 
los pelos que se encrespan en mi cabeza dibujando
un nido de pájaro. 
  
Una niña me busca con la mirada una y otra vez
con la piel oscura
flequillo rubio
dando saltos o quieta como una estatua
solo mueve la cabeza
y yo escabullo en esa mirada las piedras...
   
El embudo de la escalera mecánica 
me engulle,
aprieto el paso en la curva
y pienso de nuevo en sacar la piedra de mi bota. 



De "Bestiary"


viernes, 27 de marzo de 2026

Eva García Madueño. Aleteo

Dentro de ti aletean todas las aves;
azules, tibias, resplandecientes.
Extienden sus alas al infinito,
elevan sus trinos hacia la luz.



De "Disforia"


miércoles, 25 de marzo de 2026

Jana Orlová. Bordo la luna...

Bordo la luna
y trago árboles verdes
La estufa no arde
la lluvia se profundiza
   
Me retiro el cabello
y contemplo el camino
cómo discurre hacia un campo oscurecido
  
Enseguida me encontraré unas cornejas 
y se llevarán algo de mí 
  
Qué hacer
Me vuelvo hacia la estufa
con una cerilla húmeda
y planto de nuevo
árboles enanos



En "De sombra y terciopelo. Diecisiete poetas checas (1963-1988)"


martes, 24 de marzo de 2026

Idea Vilariño. 41

Aquel carozo
donde
pujó el árbol entero
ramas hojas y pájaros
gastó
consumió en ellos
su tierno corazón.



De "No"
En "Poesía completa"



martes, 17 de marzo de 2026

Karin Boye. Tu calor

Tu calor, tu suave calor
es lo que pido,
que fluía mucho antes de que el ser humano
llegara a la tierra.
En los lanosos nidos
de ave escondidos en la selva primigenia
el mismo calor protector sustenta
los fortines de la vida.
  
De cielos llameantes de pavor
nos hundimos 
en la oscuridad del nido, donde la vida
ya no hace preguntas.
Pues los juegos de las nubes son un espejismo
y un reflejo,
pero todo lo que nace y da a luz
es don de la profundidad.
  
Amanece, y el espacio resuena 
con un rumor de alas.
El pájaro que se eleva se alboroza:
Yo vivo de luz!
Pero oculto en el silencio descansan
su bien y su mal.
Tu calor, tu hondo calor
me da alma.



De "Por el bien del árbol"
En "Poesía"


lunes, 16 de marzo de 2026

John Berryman. 5

Sentose Henry en el bar y estaba raro,
de un cristal a otro cristal se reflejaba,
en desacuerdo con el mundo y con su dios,
su mujer es una absoluta nada,
san Esteban,
desquitado. 
   
Sentose Henry en el avión y estaba alegre.
Cauto Henry nada dijo
pero cuando una Virgen de una nube
a su Montaña arrojó luz,
su pensar fue turbulento y el avión se sacudió. 
«Perdón, señora». «Vaaaale».
  
Estaba Henry en la malla, alborotado,
mientras hacía escalas el pájaro febril;
el sr. Desamor, el Hombre Nuevo,
vino a cultivar una tierra delirante;
una imagen de los muertos en la uña
de un recién nacido.



De "77 cantos del sueño"


domingo, 15 de marzo de 2026

Amparo Dávila. Siempre la noche

   1
  
Gotea la noche 
-amarga soledad-,
lentas espigas
transitan en el viento
y un pájaro sin voz
picotea las gotas.
  
  
   2
  
Vestida de líquidos puñales
la sombra aguarda, acecha,
bajo las frondas.
  
En el río, alguien canta.
   
   
   3
  
La noche se desploma 
sobre el lago.
  
Gime un silencio deshabitado.
  
Aquí dentro,
algo se ha roto.



De "Meditaciones a la orilla del sueño"
En "Poesía reunida"
   

viernes, 13 de marzo de 2026

Mary Oliver. Mañana en Blackwater

Ya casi amanece
y los habituales medio milagros empiezan
dentro de mi propio cuerpo personal mientras la luz
entra por las puertas de oriente y trepa
hasta los campos del cielo, y las aves alzan
sus muy insignificantes cabezas de las ramas
y empiezan a cantar; y también los insectos,
y las hojas crujientes, e incluso
lo más común de las cosas terrenales, la yerba,
no puede dejar que empiece -otra mañana- sin
hacer algún comentario alegre, respirando suaves
con la miel de sus verdes cuerpos; y las blancas 
flores de la azalea pantano, planeando justo donde
el camino y el estanque casi se tocan,
desprenden de los pliegues de sus cuerpos
tal felicidad que llena el aire como una fragancia,
la primera afirmación elegante y pálida del día.
Y a los viejos dioses les gustaba tanto, según dicen,
el dulce olor de la plegaria. 



De "Iris Spuria"
En "Devociones"
   
   

miércoles, 11 de marzo de 2026

Raquel Gavilán Párraga. Cómo arder sin consumirse

Tus manos en la tierra,
raíces de mi cuerpo,
cavan hondos senderos
donde el deseo se hunde
tan lejos, tan profundo,
que ni el sol ni el frío tocan.
  
En mí floreces,
bajo el peso de tu sombra
como un viento que ara la piel
y deja surcos ardientes
donde el sudor es semilla
y mi aliento, el agua que brota.
   
No hay palabra para ese fuego,
solo la lengua salvaje de las aves,
que canta en mi pecho cuando llegas,
que grita entre los ríos 
donde el miedo y la alegría
se abrazan con garras dulces.
  
Te devoro 
como la tierra a la lluvia,
como la raíz a la luz que no ve.
Y en el barro de tu piel,
despierto a mi profunda furia,
a este deseo que florece
como una flor venenosa
en la he hendidura del jardín. 
   
Escuchas cómo el mundo tiembla
cuando mis manos te alcanzan?
Es el rugir de los antiguos,
el susurro de lo que fuimos
antes de que el amor tuviera nombre,
antes de que el deseo supiera
cómo arder sin consumirse.



De "Volcán y cristales"