domingo, 18 de octubre de 2026

Sharon Olds. Cuando nuestra primogénita dormía

Mis pechos duros con leche. Pequeños rezumaderos 
goteando sobre los pañuelos de mi
marido doblados en las curvas frontales
del arnés de lactancia. Yo deambulaba por
el apartamento cuando su siesta duraba algo más
de lo habitual. Cuando estaba despierta, yo era
propósito, un acecho blando y
doméstico de bondad. Sólo cuando ella dormía 
yo era libre para pensar en lo que piensa
el cautivo. Quería ser alguien, no ser únicamente
la madre de alguien, ser alguien, ser una.
Sin embargo sé que el trabajo que hice con ella
era la razón de todo lo que era importante para mí;
ese corazón. Y aun así había una parte de mí 
ajena a ello, como expuesta en una montaña
por la maternidad. Y cuando ella dormía un poco más, 
yo olía la piel de la aceituna
en la ladera, oía el golpe azul 
de la nuez de eucalipto, probaba
el aliento de la loba en busca de
carne para enriquecer su leche, veía
el cedro doblarse bajo un mar
de viento. Mientras ella dormía, parecía que
mis tobillos perforados se iban soltando
y caminaba como un cazador entre el gozo y el horror
de lo que no está atado. Niña de una madre, 
madre de una niña. A veces me paseaba, escuchando, 
temiendo a medias que hubiera dejado de respirar, 
sabiendo que nada podía ser cualquier cosa, para mí,
al lado de los pequeños movimientos
al despertarse; luz y viento sobre la superficie del agua. 
Y tras ello, ese llanto suave, como un pájaro
pelágico que duerme en vuelo. Yo me daba
la vuelta, como girando sobre un talón mortero,
y me acercaba a su puerta. 



De "Una cosa secreta"


viernes, 16 de octubre de 2026

Gloria Portugal. Me senté en el gras

Me senté en el gras a esperar al sol. Él llegaría a la hora de costumbre. En aquella ocasión, yo me adelanté. 
  
Los grillos callaron pronto y los pájaros iniciaron su rutina haciendo escándalo. Las calles se llenaron de carros y de gente, pero del divo no había ni rastro. Su impuntualidad empezó a irritarme. 
  
A las doce apareció al fin, lleno de estúpido entusiasmo. 



De "La vida es bella"


sábado, 10 de octubre de 2026

Laura Fernán. No es el miedo

No es en sí tener miedo
ni el temor a caer en la nada
ni que las alas se rompan en vuelo;
si te atreves, amigo, ya ganas.
  
Es más bien el «no me atrevo»
sin ningún atisbo de esperanza,
es el gesto de hacerse pequeño
sin darse cuenta de que la vida pasa.
  
Lo que tiene la vida de bello
es poder batir las alas,
que aquí no tenemos dueño
y pronto llegará mañana.



De "El año en que hibernamos"


martes, 6 de octubre de 2026

Claribel Alegría. Crepúsculo en alta mar

Entre el cielo y el mar
el albatros
sus alas no se mueven
suspendido en el aire
se desliza
sin destino
sin prisa
sin reposo.



De "Otredad"

sábado, 3 de octubre de 2026

Nelly Sachs. Arriba y abajo ando...

Arriba y abajo ando
en el calor de la habitación 
Los locos en el corredor chillan
con los pájaros negros de fuera
por el futuro
Nuestras heridas hacen saltar el malvado tiempo
pero los relojes marchan lentos -



De "Enigmas incandescentes"
En "Viaje a la transparencia. Poesía completa"
   
   

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Ricarda Huch. A una palmera

Bendita seas tú, palmera esbelta como columna, 
incólume, sin vecinos ni rastro de servidumbre;
no inclinas la cabeza como la mies en sazón, 
solo sostienes la ligera bóveda del placer. 
  
Sombra no despliegas sobre el cansado caminante
y a ningún animal ofreces cómodo descanso, 
no das refugio a las aves que se aman, 
te coronas a ti misma con severa diadema.
  
Bendito sea tu real encumbramiento,
tu ardor solidificado en melancólica reclusión!
Contra ti romperán los latidos de mi corazón
como la pasión de un mar lejano. 



De "Viejos y nuevos poemas"


martes, 29 de septiembre de 2026

Jorie Graham. Me preguntaron

por qué los nuevos
e impecables pájaros
programados a la perfección
cuya belleza
  
canto vuelo elevación
planeo aterrizaje son
indistinguibles de
los que no volverán
  
no son lo
mismo, si las puntas
de sus plumas brillan
igual que con la antigua
 
luz del sol, si sus
alas moteadas
se salpican de más
motas de perfecta sombra, 
  
si sus cuellos tienen
el dulce arriba/abajo
de la intranquilidad, si sus
gargantas están hechas para
  
vibrar tan levemente
como antes
cuando el trino iba a
empezar, por qué
  
no nos satisfacen, 
por qué solo
si cerramos los
ojos hay gorjeos-
  
puedes escoger
el tipo de pájaro-son
reales, vienen a nuestros
alféizares, se van
  
de pronto porque nos
movemos... Cómo 
cruzaban en bandada 
nuestros campos. Cómo 
   
aquella última mañana, 
  
en aquel mundo, en la neblina que surgía del
  
suelo, en el empuje de su rápida 
evaporación mientras ese extraño
sol amanecía, con
los brazos entendidos y
  
entre risas, sin
aliento, corríamos tras ellos
hasta que des-
aparecieron.



De "Al 2040"


lunes, 28 de septiembre de 2026

Yauheniya Yaníshchyts. Idioma

Para N. S. Hilévich

Escucho tu música de alondra
en las hierbas recién cortadas, 
Idioma! Como mi sol
           bielorruso,
  
tú brillas con cada palabra. 
Te cubrieron con tierra y te sepultaron. 
Y, aún así, nuestros antepasados a través del dolor
te trajeron hasta nosotros, 
            nativo, cálido, 
   
vivo y único. 
Y cuando solamente me llames, 
moriré por ti sin quejarme. 
Yo llevo en mi pequeño corazón
                un gran
amor por ti. 



De "Candelaria nevada"
En "Un ave indómita"


domingo, 27 de septiembre de 2026

Wisława Szymborska. Ausencia

Faltó poco
y mi madre podría haberse casado
con el señor Zbignieb B. de Zduńska Wola.
Y si hubieran tenido una hija, no habría sido yo. 
Quizá habría tenido mejor memoria para los nombres y las caras, 
y para cualquier melodía oída una sola vez. 
Habría reconocido sin problemas qué pájaro era cuál.
Habría tenido unas notas fantásticas en Física y en Química
y peores en Lengua, 
aunque habría escrito a escondidas poemas
desde el primer momento mucho más interesantes que los míos. 
  
Faltó poco
y mi padre podría haberse casado al mismo tiempo
con la señorita Jadwiga R. de Zakopane.
Y si hubieran tenido una hija, no habría sido yo. 
Quizá habría sido más terca en lo de salirse con la suya. 
Y se habría lanzado sin temor a aguas profundas. 
Con tendencia a abandonarse a emociones gregarias.
Vista permanentemente en varios lugares a la vez, 
pero en raras ocasiones entre libros, más a menudo en la calle, 
jugando a la pelota con los chicos.
  
Quizá incluso se hubieran encontrado ambas
en la misma escuela, en la misma clase. 
Pero no habrían sido amigas, 
no habrían tenido ningún parentesco, 
y en las fotos grupales estarían lejos una de otra. 
  
Niñas, poneos ahí
-habría dicho el fotógrafo-.
Las más bajas delante, las más altas detrás. 
Y sonreíd cuando os de la señal. 
Pero contad antes
si estáis todas. 
  
-Sí, señor, estamos todas. 



De "Dos puntos"
En "Poesía completa"


sábado, 19 de septiembre de 2026

Marina Tsvietáieva. Psique

   I.

No soy una impostora, he vuelto a casa, 
tampoco una criada - no necesito pan. 
Soy tu pasión, tu descanso dominical, 
tu séptimo día, tu séptimo cielo. 
  
Allí, en la tierra, me arrojaban monedas, 
me colgaban piedras en el cuello. 
-Amado! acaso no me reconoces?
Soy tu golondrina, tu Psique!



En "Es ligera mi marcha"