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Simplemente
moría el canario amarillo,
su bolita de plumas
sobre la húmeda grava.
Otros pájaros
se apretaban juntitos bajo el techo
de la gran jaula
rodeados de noche,
de lluvia sobre el parque,
de luces solitarias.
Adiós su dulce canto,
sus ojitos negros,
su temblorosa
enverdadura de oro.
Abrid la jaula!
Dejadme
que me lo lleve a casa.
Lo acunaré en mi mano
y con mi aliento volverá a la vida.
Reposará junto a mi corazón;
latirán juntos dos círculos de sangre.
Oh, delicada vida compartida.
A la mañana lo soltaré al sol.
Qué noche tan grande,
qué inmensas las horas,
qué infinito espacio
para la muerte de un pájaro de oro
bajo la lluvia en la jaula cerrada.
De "Tarot"