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sábado, 19 de septiembre de 2026

Marina Tsvietáieva. Psique

   I.

No soy una impostora, he vuelto a casa, 
tampoco una criada - no necesito pan. 
Soy tu pasión, tu descanso dominical, 
tu séptimo día, tu séptimo cielo. 
  
Allí, en la tierra, me arrojaban monedas, 
me colgaban piedras en el cuello. 
-Amado! acaso no me reconoces?
Soy tu golondrina, tu Psique!



En "Es ligera mi marcha"


martes, 28 de julio de 2026

Marina Tsvietáieva. Encomiendo este libro al viento...

Encomiendo este libro al viento
y a las grullas migratorias.
Hace mucho tiempo, gritando la separación, 
quebré mi voz.
  
Lanzo este libro, como botella en las olas,
al torbellino de las batallas.
Para que recorra el espacio como cirio pascual,
así: de mano en mano.
   
Oh, viento, viento, mi fiel testigo,
di a los míos
que cada noche en sueños recorro
el camino, de Norte a Sur.



De "Campamento de cisnes"


martes, 21 de abril de 2026

Marina Tsvietáieva. Tu nombre, un pájaro en mano...

Tu nombre, un pájaro en mano.
Tu nombre, un témpano en la lengua,
un movimiento de los labios.
Tu nombre son cinco letras,
una palabra atrapada al vuelo,
un sonajero de plata en la boca.
  
Una piedra arrojada a un plácido estanque
que solloza al llamarte.
En el leve golpeteo de los cascos
resuena tu rumoroso nombre.
Y nos lo nombra en la sien
el sonoro chasquido del gatillo.
  
Tu nombre, ah, es innombrable!
Tu nombre, un beso en los ojos,
en la ternura helada de inmóviles párpados.
Tu nombre, un beso en la nieve,
un sorbo de agua pura, helada y azul.
Con tu nombre el sueño es profundo.


15 de abril de 1916



De "Versos a Blok"


jueves, 15 de enero de 2026

Marina Tsvietáieva. Noche. Noroeste. Rugidos de soldados. Rugidos de olas...

Noche. Noroeste. Rugidos de soldados. Rugidos de olas.
Asaltan una bodega. Por los muros
corre un precioso arroyo,
y en él danza una sangrienta luna.
  
Ebrios troncos de álamos.
Ebrios cantos nocturnos de los pájaros.
El monumento a los zares de ayer está vacío.
Y sobre él, la noche.
  
Bebe el puerto, beben los cuarteles. El mundo es nuestro!
Nuestro es el vino de las bodegas de los prícipes!
Toda la ciudad abreva como un buey,
y en el turbio pozo, bebe.
  
En una nube de vino, la luna. Quién va?
Bella, seamos amigos. Muchas veces: bebe!
Y por la ciudad, un alegre rumor:
dos se ahogaron en vino.



De "Campamento de cisnes"


miércoles, 19 de junio de 2024

Marina Tsvietáieva. 15

Quiero interrogar al espejo,
donde se hallan la niebla y el tenebroso sueño,
y sonsacarle -adónde se dirige
y dónde está su refugio.
   
Y veo: el mástil de la nave
y usted -en la cubierta...
La veo en la humareda de un tren... Los campos
se revisten de un lamento vespertino...
   
Los campos al atardecer cubiertos de rocío, 
sobre ellos revolotean los cuervos.
-Le doy mi bendición 
donde quiera que se halle!


3 de mayo de 1915



De "La amiga"


sábado, 1 de junio de 2024

Marina Tsvietáieva. 3

Hoy era el deshielo, hoy
me quedé junto a la ventana.
La mirada más sobria, el pecho más libre,
de nuevo sosegada.
   
No sé por qué. Quizás,
simplemente el alma estaba cansada,
y no tenía ganas de rozar
el lápiz rebelde.
   
Así estuve de pie -en la oscuridad-
alejada del bien y del mal,
tamboreando suavemente con los dedos
sobre el cristal que apenas sonaba.
   
Para el alma no es ni mejor ni peor
que el primero que llega-
que los nacarados charcos,
donde se vierte el firmamento.
   
Que el pájaro que vuela libremente
o sencillamente el perro que corre.
Ni siquiera una cantante callejera
ha podido conmoverme.
   
El arte querido del olvido
ya le es familiar a mi alma.
Y un cierto sentimiento muy fuerte
hoy se ha fundido en mí. 


24 de octubre de 1914



De "La amiga"

viernes, 16 de junio de 2023

Marina Tsvietáieva. En el caballo rojo (fragmento)

No era la Musa, no era la Musa 
quien en mi pobre cuna
me cantaba y llevaba de la mano. 
No era la Musa quien calentaba mis frías manos,
ni mis ardientes párpados refrescaba. 
Quien retiraba mis rizos de la frente, no era la Musa.
Quien me llevaba a grandes campos, no era la Musa. 

Ni la Musa, ni las trenzas negras, ni los collares, 
ni las fábulas, solo dos alas doradas, 
cortas, sobre las arqueadas cejas. 
Busto acorazado. 
Penacho. 
No se inclinaba a los labios, 
ni bendecía mi sueño. 
No lloraba conmigo
por la muñeca rota. 
Liberó a todos mis pájaros
y después, sin picar las espuelas, 
en un caballo rojo cruzó las montañas azules
de rugientes glaciares.



Fragmento de "En el caballo rojo"
En "Poemas" (ed. Cátedra)