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viernes, 29 de noviembre de 2024

Francisca Aguirre. Este mar no lo conoce nadie...

Este mar no lo conoce nadie
salvo el propio corazón y su incierto destino.
Unas veces es claro y transparente,
otras, turbio como las ciénagas.
Por él navegan barcos
llenos de pesadumbre,
llenos también de pájaros
posados en sus mástiles
y que jamás alzan el vuelo
sujetos por un miedo pegajoso
que los deja lacrados en sus puestos
de inútiles vigías.
Nadie sabe qué orilla aguarda,
desdeñosa y lóbrega,
la llegada azarosa de estos barcos.
Viejos navíos
con la arboladura carcomida
por el salitre y la solana.
Sólo los polizones que los guardan 
saben que la marea los arrastra,
los empuja implacable
hacia una arena
en la que sin remedio
acabarán varados.
   
Quietos.
Con las velas izadas, pero muertas.
La brisa sopla en otros mares.
Aquí solo empuja el silencio.



En "Prenda de abrigo"


martes, 15 de octubre de 2024

Francisca Aguirre. Mi hija y yo recorremos las calles...

Mi hija y yo recorrelos las calles
con la esperanza de encontrar el mar.
Es domingo y las calles brillan quietas
en este atardecer del mes de mayo.
La ciudad tiene aire de aula de colegio
que aún conserva las voces de los niños.
Mi hija y yo paseamos despacio,
navegamos los bulevares largos y desiertos
confiando en que el aire nos sorprenda
con el olor a brea de la costa.
Y algo de marinero hay en la tarde:
una melancolía de marea,
un rumor que se pierde en la arboleda
distribuyendo pájaros y peces.
Mi hija y yo cruzamos las aceras,
mientras la tarde lucha por quedarse:
todo late despacio como el mar.
Cruza el aire un vencejo solitario
y al volver una esquina, sonriente,
nos saluda la luna.
   
Oh ciudad, caracola de cemento!



En "Prenda de abrigo"