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jueves, 25 de enero de 2024

May Swenson. La naturaleza de caderas generosas

 La naturaleza de caderas generosas estalla frente a la cabeza de dios,

desde la selva coágulos de verde
desde las crestas pélvicas de las montañas
en las nubes de pechos hinchados engorda y se alimenta
meciéndose en la cuna del mar
   
Se arrastra por la escalera del interior de la tierra
y nos arrulla desde las cuevas
Los gusanos secretos obran milagros en sus venas
miríadas de peces embellecen sus entrañas irisadas 
Con múltiples sílabas los pájaros
inscriben en el aire sus incipientes palabras
   
Bestias veloces y sinuosas con abrigos en llamas
y las serpientes en su negra y ciega languidez 
en la noche de su oscura mente expresan
su asombro y su ira su terror y su magia
   
Dondequiera que miremos sus ojos yacen insondables
flanqueados por campos y por bosques
y trágicas lunas
que magnifican sus pupilas con sus lágrimas 
   
Avanza por el fuego
En el interior de la cascada
enrosca sus miembros de luz
revestido por el viento y erguido
camina por los tejados y las torres
Rocas son todos sus rostros
y flores la carne de sus costados
Su cabello se revuelve con la hierba por todas partes
Salpicadas de arcoíris las conchas
pronuncian su conjuro entre susurros
   
En sueños la enorme sombra de su mano desciende 
nuestras lenguas desenroscan una plegaria
para acallar el latido de nuestros corazones nuestro miedo de gorrión
y yacemos desnudos en su guarida
Sus relámpagos secretos juegan allí sobre nosotros.



En "Antología de las poetas estadounidenses"


martes, 30 de noviembre de 2021

May Swenson. En el cuerpo de las palabras

Para Elizabeth Bishop
(1911-1979)

Plateadas bajo el sol las puntas de los juncos. Un viento frío
las mece, silba entre las agujas de los pinos.
De tanto frío, el cielo se hizo más azul. Pájaros se desplomaron
sobre las manchas del patio: el pecho blanco del trepador, metal
el tordo, cardenal el color de la sangre.

Hasta hoy en Delaware, Elizabeth, me entero
de que has muerto en Boston hace una semana. Cómo
te fuiste de este mundo sin yo saberlo?
Tu cuerpo se volvió ceniza sin darme cuenta. Por qué no hubo
un temblor de tierra o aire? Ni un escalofrío en nuestros nervios?
Cómo creer? Cómo lamentar?

Paseo por la ribera. Desgastada como tierra por el viento.
Chillan las golondrinas. Denso derrumbe del oleaje.
La brisa rasga la orilla de mis ojos. Corrientes de sal hielan mi cara.
Breve es la vida como pluma en el descenso. O como abierta concha
arrojada a la orilla, enterrada en la arena... Mas la visión pervive!
La visión, potente, vivificante, habita en el cuerpo de las palabras.
Pervive tu visión, Elizabeth, tu palabra
de boca en boca perpetuada.

Han pasado dos días. El tiempo suficiente, como para olvidar
la muerte. Como si tú no hubieras muerto antes de yo saberlo.
Por instantes regresé a los momentos cuando todo estaba bien.
Podría hoy llamar a Boston, decirte: Hola... Ay, no!
El casete del tiempo solo avanza. No se puede repetir.
La luz duele. Pero el cielo sigue opaco. Camino por la ribera.
Sale del oleaje un rojo labrador: juguetón, vigoroso,
jadeante. En un principio no me percato de su lesión.
Le falta la pata derecha. Presagios...
Me pareció ver una liebre en el patio por la mañana.
Era una ardilla de cola mutilada. Distorsiones...

Hoy, el océano de nuevo es gris, viejo y arrugado aluminio
sin brillo. Nada que mirar en la vastedad.
Excepto, a lo lejos, bajo las lentas olas, una larga
línea negra tupida de cormoranes que van hacia el sur.
Retazos de niebla gris engullen las conchas de la playa,
su límite trazado por un tropel de gaviotas,
tus gaviotas, Elizabeth!, sus veloces patas
como pequeños rayos de bicicleta.

Apenas perceptible el hilo de la cometa.
Gira y desciende rozando las puntas lejanas de las olas.
Ahora vira, se ve más pequeña y se dirige al más allá.
Se desliza en el horizonte. Se desvanece.

Pero la visión pervive, Elizabeth. Su visión se multiplica,
crece en el cuerpo de las palabras.
No se desvanece, tu visión se multiplica en todos los ojos,
tu palabra, de boca en boca perpetuada.

   Bethany, Delaware
   Octubre 13-15, 1979




En la antología "La escuela de Wallace Stevens"