de un cristal a otro cristal se reflejaba,
en desacuerdo con el mundo y con su dios,
su mujer es una absoluta nada,
san Esteban,
desquitado.
Sentose Henry en el avión y estaba alegre.
Cauto Henry nada dijo
pero cuando una Virgen de una nube
a su Montaña arrojó luz,
su pensar fue turbulento y el avión se sacudió.
«Perdón, señora». «Vaaaale».
Estaba Henry en la malla, alborotado,
mientras hacía escalas el pájaro febril;
el sr. Desamor, el Hombre Nuevo,
vino a cultivar una tierra delirante;
una imagen de los muertos en la uña
de un recién nacido.
De "77 cantos del sueño"