pateo la nieve gruesa sobre su ruda piel.
Nieve, luz diurna, fantasmas en mi boca.
Aquí mi eslovaco rostro oval se siente como
carne de ballena en greda, no puedo
tocarme sin dar gritos.
Empuño mi mano eslava y les arrojo
a los pájaros un antiguo idioma olvidado
dormidos en su vuelo, en el hielo crujiente hunden
la cabeza bajo el ala.
Aférrate a los brazos leñosos del roble desnudo.
Así camino, a solas, la vieja patria
medra royendo la campiña.
Es nieve de los Urales esta nieve
hacia lo alto cunde, cenizas, pájaros
congelados quedan como estrellas.
De "Juntemos las tribus"