martes, 17 de febrero de 2026

Circe Maia. Al-Mutamid, siglo once

El prisionero ve volar las aves en bandadas 
(la traducción dice "perdices", pero eso
no parece posible)
y les desea buena suerte...
Teme que lo creamos envidioso
de aquella alada libertad de pájaros. 
Y aclara bien que no, que no, que no es envidia.
Ellas, libres.
Él, preso.
  
"Que tengan buena suerte!", dice, con sus crías 
que las de él, en cambio, se perdieron.
Dice: "A las mías 
las traicionaron el agua y la sombra."
(No está claro
cómo fue esa traición
pero así, con enigmáticas palabras 
se termina el poema.)
  
Esto todo fue escrito hace mil años.
Y tiemblan, sin embargo, todavía 
las palabras
del prisionero.



En una de las antologías de "Material de lectura"