esta piedra del mar será besada
por la boca del sol y contemplada
por los ojos del mar recién nacido.
Después que te hayas muerto y me haya ido
este árbol talado dará flores
y seguirá creciendo en corredores
de pájaros que vuelven por sus nidos.
Después, mucho después la clara silla
en donde ahora escribo y la ventana
proseguirán seguras por su orilla.
Tañido fui, fugaz, de una campana
que seguirá -de cobre y no de arcilla-
perdurando -sin verme- en la mañana.
De "En la orilla del vuelo"