Es una estrella del alba en la ventana,
brillante y fija sobre el cielo negro.
No ha abierto aún el bar.
Se oye el dócil rumor del oleaje
y el triste y retraído canto del primer pájaro.
Me fui quedando solo, como aquellos
que no han amado nunca sus errores.
De los de juventud,
el mayor fue ignorar que pronto llegarían
unas crueldades que desconocíamos.
Es de eso de lo que hablan, con lentitud, las olas.
Se oye pasar un tren por el punete de hierro
que cruza por encima de las casas.
Es un grito de amor desesperado.
Una triste ternura que se va.
De "No estaba lejos, no era difícil"
En "Todos los poemas"