de primera mano la caída de Astiages,
último rey de los medos.
Soy la hija del gran visir de Shahriar.
Conozco a los aqueménides y a los sasánidas
como se conoce a un hermano pequeño
y es por eso que puedo cantarte en la oscuridad
la dulce Persia.
Fui yo quien escribió sobre el barro
la caída del Imperio; me pertenece pues
el cilindro de Ciro el Grande
que habéis excavado en Babilonia.
Domaré para ti, no temas, a los toros
androcéfalos y alados
del Palacio de Parsagada,
y dejaré abiertas las puertas de Persépolis
para que sean tuyas todas las Naciones.
Puedo darte el desvelo de mil noches
cada una en un poema,
como al pájaro se le brinda el agua
en el cuenco tierno de la mano.
A cambio, solo te pido, mi espectacular sultán del verbo,
que al llegar la mañana a mi boca
no ruede mi cabeza sobre la alfombra.
De "El método Sherezade"