jueves, 18 de junio de 2026

Juana Castro. Había que morir

En verdad os digo que si el
grano de trigo no cae en la
tierra y muere quedará sólo;
pero si muere, dará mucho fruto.
(San Juan, 12, 24)

Había que morir.
Había que morir una y mil veces 
para sentir la alondra adormecida.
  
No hay más luz que el dolor
y bendigo la noche y las espadas
con la quietud serena de las horas
que traspasan los poros del otoño.
  
Aprended a llorar 
cuando el viento taladre vuestros ojos
y Dios se os hunda como 
el último cordel de la esperanza.
  
Sin ángeles. Sin agua. Solo el vientre
profundo del silencio
y la amistad sin manos, guarecida de lejos.
A la espalda del último latido
estaba la verdad,
la posesión radiante de las islas más dulces,
la dádiva copiosa, madurando
su germen triturado.
En dos alas flagrantes me contemplo
y a mis bodas asisto con el alba,
con los trinos intactos,
y pronuncio sonora
la crisálida viva
de mi resurrección. 



De "Del dolor y las alas"
En "He cantado en la noche. Poesía reunida"