la niña. –Como hierba en primavera,
huele por ella la habitación a ciclamen.
Habla con su muñeca, y la acuna
con suaves actos maternos, y ríe con ella.
No he visto nada tan dulce, nada
escuché que tuviese la frescura alada
de esa voz: brisa entre las hojas, vena
locuaz de agua, música soñada...
... Cabecita morena y boca sonriente,
corazón que vive de felicidad,
yo pienso, absorta y demudada,
en el porvenir que se esconde entre la niebla.
Está lejos!... pero vendrá. –Hay un tiempo
para todo. –Ahora juegas, y duerme en ti
la eterna esfinge que se ignora a sí misma.
Duermen los instintos y los sueños, el bien y el mal,
y la energía de tu raza, y el fuego
que roe la carne, y el ideal;
la obra que quizá no he acabado
y que resurgirá victoriosa
en ti, vibrando de más alta vida,
quizá el poema del humano dolor...
... Podré seguirte por el camino desconocido?
Desesperadamente ahora te abrazo en mi corazón
oh niña, oh niña, ahora que eres mía.
De "Maternidad"
En "El inmenso azul"